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Este es el eslogan más coreado en todas las regiones de nuestro país, entre todos los ciudadanos de nacionalidad española, de dentro y fuera de la península ibérica, incluso por muchos que se sentían como tal aún sin serlo. En esta ocasión no ha habido izquierdas ni derechas, madrileños, catalanes, vascos…, todos al unísono éramos españoles, todos hemos vibrado por conseguir la victoria y todos nos hemos alegrado y enorgullecido por haberla conseguido. La bandera que jugadores, espectadores…, ciudadanos de la calle ondeaban y con la que se cubrían, era la española, incluso cuando algún jugador ha mostrado la de su patria chica (sevillana, asturiana, catalana,…) lo ha hecho con profundo respeto y con respeto ha sido acogido.
Parece claro que necesitamos símbolos con los que identificarnos, contiendas que nos calen y motiven, colectivos que nos agrupen ante objetivos comunes, y finalmente motivos de orgullo, de victoria, de alegría. Y el vehículo por excelencia es la competición, hoy principalmente la deportiva.
En un momento de crisis, de penuria económica en muchas familias, de una escalofriante cifra cercana a los cinco millones de parados…, cuando para muchos cómo resolver el día de mañana es una angustiosa incógnita... En este momento, todo eso ha pasado a un segundo plano. Hoy necesitamos encontrar un motivo de alegría, de orgullo, ser protagonistas también entre todos los que se sienten ganadores, victoriosos.
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